ESE JERSEY QUE NO ME PONGO.

 

         Todo tiene un comienzo y a veces no se sabe cuando éste tiene lugar… Yo, como cualquiera, tuve un comienzo, para el cual podríamos recurrir, con permiso de Dickens, al título del primer capítulo de uno de sus “hijos”, David Copperfield, que comienza con un “Nazco”, no podría haber mejor comienzo posible, ¿no creéis? En mi caso, puedo decir que tengo dos nacimientos, no penséis en que este segundo sea debido a una situación traumática, pero si es un segundo nacimiento en cuanto a mi “yo” se refiere.

         El primero de ellos, como se me ha pedido que escriba una semblanza sobre mi persona (habría sido más correcto empezar de esta manera mi presentación, el desorden en la escritura se debe a que no he trabajado lo suficiente este hábito), se da en el año 72 del pasado siglo, suena contundente. ¿Verdad? No pretendo que penséis que vengo a deciros que soy un anciano aunque ya veréis que soy muy dado a la exageración y al drama, siempre en tono jocoso quiero pensar, lo podréis ir juzgando vosotros mismos; el caso es que me estoy alejando del tema, algo también frecuente en mi es que me enrolle, también lo podréis ir comprobando. Nazco, como decía, al final de uno de los últimos años del “baby boom” de nuestro país, probablemente al final de una época donde la infancia se disfrutaba en la calle y cada día era un juego en el que no había que invertir dinero para ello, con la imaginación bastaba y las relaciones se daban cara a cara y no tras una serie de dispositivo electrónicos acomodados en el sofá de casa, todo era menos complicado y el tiempo se vivía de otra manera, o al menos, ese es el recuerdo que tengo de esa época. ¡Vaya! Después de leer esto, quizá si que me estoy haciendo “viejo” que no mayor… Otra vez vuelvo a desviarme y a dramatizar…

         A lo que iba, no puedo decir que desde aquel lejano mes de mayo del año 72 hasta muy entrado en mi adolescencia llegando casi al comienzo de mi madurez, que a pesar de la idealización que hago de aquellos tiempos, fuera un tramo sencillo en mi vida, afortunadamente tengo momentos que recuerdo como francamente buenos e importantes pero lo que predomina en mis primeros 28 años de vida es una sensación de miedo constante, ahora sé que irracional en un porcentaje muy elevado, pero fueron unos años de padecimiento interior que se agraváron hasta que en mi vida se produjeron una serie de cambios importantes que consiguieron abrir un gran claro en mi tormenta interior y generar en mi una necesidad de quererme y cuidarme, pero al mismo tiempo, tuvo lugar un fenómeno que podría catalogar de enmascaramiento de una situación a la que no sabía poner solución, afortunadamente aquello afloró y puse manos a la obra para poder, si no eliminar el problema,  si atenuarlo y llegar a controlarlo en mayor o menor medida; aquí tengo que añadir que aún continuo trabajando en ello. Esto me llevó a un estado tal, para el cual termino necesitando de la intervención de especialistas que me brindan las herramientas que me hacen tomar perspectiva de mi situación real y me ayudan a ir despejando el camino de obstáculos, muchos por cierto.

Todo esto viene a colación, ya que en ese periodo de transición amplísimo, que abarca desde los 28 hasta los 41 y en el que yo pensaba que todo estaba “bien”, empiezo a aprender, muy despacito si echáis cuentas, pero aprendo de aquello de lo que me ocuparé en esta sección, que espero que pueda abarcar más allá del vestir. Advierto en este punto que vistiendo soy un desastre pero no así aconsejando a quién me pide ayuda.

         Entre los 41 y los 42, puedo hablar del segundo “Nazco” que os comenté al comienzo; es probablemente el periodo más duro de mi vida, aunque como ya os he mencionado unas líneas más arriba, el trabajo continua y probablemente deba continuar permanentemente, bajar la guardia me hace tropezar y con cada tropiezo la vulnerabilidad se abre paso y no quiero volver hacia atrás… A la par de ser el periodo más duro, también es el mejor de todos puesto que es en este preciso momento de mi vida cuando aparece mi “Yo” en todos los sentidos y cuánto de valioso soy para mi mismo, la ostra que fui se abre y permite que una importante cantidad de acontecimientos y magníficas personas entren en mi vida, quizás personas que estaban llamando a la puerta y acontecimientos que estaban esperando a que me decidiera a vivirlos…, sea como fuere, mi vida da un giro radical, reitero una vez más que aún sigo en ese giro y si la vida lo permite así seguirá siendo cada día, un día nuevo con un sentido y una razón de ser aunque aún continúe viendo océanos donde sólo hay charcos. Todo es cuestión de aprender, de aprender cada día y ser consciente de ello.

         Toda esta retahíla, que puede que a nadie importe, la he considerado necesaria, no sólo por petición de la directora, sino también para poder justificar el título de esta sección, ya que entre mis dos “Nazco”, surge en mi una especie de “Síndrome de Diógenes”, me he preguntado muchas veces si seré descendiente suyo… Bromas a parte, tengo una especie de necesidad de tener o acumular todo de casi todo, (libros, discos, ropa, películas, relojes, aficiones,…). Esa necesidad que casi seguro un porcentaje muy elevado de todos nosotros hemos sentido muy especialmente tras el periodo vacacional de verano o Navidad en el que nos hacemos esa lista de propósitos, coleccionables, idiomas por aprender, etc… Esos propósitos que normalmente difícilmente llegan a buen puerto, ya sea por esos horarios cada día más difíciles de trabajo, ya sea por obligaciones de otra índole; al final llegamos a un punto en nuestra vida, por lo menos en mi caso, en el que toca seleccionar, elegir. Nuestro tiempo es limitado. ¡Ojo! No estoy siendo negativo, es una certeza, por lo tanto, acumular no sirve de nada, toca elegir. Sí, este verbo “maldito” que nos recuerda que no podemos tener todo aunque eso no impida que luchemos por lograr todo lo posible en nuestras vidas; eso sí, todo aquello válido para nosotros, que nos llene cuando compramos, aprendamos, disfrutemos,… Seamos realistas y siempre dentro de nuestras posibilidades, elijamos lo mejor para nosotros y para nuestra economía.

         No pretendo con todo esto quitar a nadie de consumir, nuestra vida se rige para bien ó para mal en el consumo sin el cual el sistema que conocemos se iría a pique, pero sí elegir adecuadamente. ¿Quién necesita tener en, por ejemplo Madrid, diez jerséis de lana gruesos, que al final no te vas a poner porque el frío probablemente no llegue a ser tan intenso y si hace algún día mucho frío, probablemente uses uno o dos a lo sumo. Al final, tienes el armario lleno de ropa voluminosa con prendas que incluso no llegan a convencerte del todo pero caíste en la trampa de que al estar a muy buen precio aprovechaste para comprarlas. En mi aprendizaje, creo que lo mejor es elegir sabiamente, disfrutar de la compra de esa prenda pensada para ti, atemporal, de calidad, ese “Timeless” que da nombre a esta publicación. No te importe gastar un poco más, si tienes diez jerséis en el armario y tan sólo usas uno o dos, que son los que realmente te convencen y el resto no te los pones porque siempre vas con prisa y echas mano de esos dos que más te gustan, o simplemente con tal de no revolver en el armario para sacar uno de los ocho restantes, me pregunto entonces por qué no tener sólo dos de calidad… Digamos que en esa línea trataré de encaminar esta sección. No quiero aburriros antes de tiempo, que bastante larga ha resultado mi presentación.

         Por ahora, hasta aquí puedo leer…, por el momento. Trataré de mantener el interés por esta sección y espero que dure, lo mío no es escribir aunque procuraré esforzarme en ello. El caso es que se me ha brindado esta oportunidad por lo que aquí os he dejado estas líneas agradeciendo al paciente lector que haya llegado hasta el final.

 

         Javier Rodríguez Martínez



         MADRID – NERJA 2016