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ESE JERSEY QUE NO ME PONGO | FAST FASHION. (Parte 1)



Hola de nuevo estimados lectores, una vez hechas las presentaciones en la semana que dejamos atrás, vamos a comenzar esta aventura en la que nos hemos embarcado todo el equipo del que formo parte, donde trataremos de ir paso a paso, recorriendo el día a día de todo lo que en primera instancia abarca nuestra publicación, y que si los vientos soplan favorables, nuevos contenidos se irán añadiendo paulatinamente a “Timeless”, y a los que trataremos con el mismo cariño que con los que hemos comenzado esta aventura. Porque en “Timeless”, y haciendo un guiño a nuestro nombre, intentaremos que el tiempo corra al ritmo correcto, a ese ritmo al que debería marchar todo, ese ritmo con el que se pueden y deben saborear las comidas, disfrutar los espectáculos, la compañía con la familia y los amigos, de los viajes y vacaciones, de disfrutar del estar consigo mismo y por qué no, también de las compras.

Para entrar en calor, mi directora me ha sugerido que podría empezar mi aventura en “Timeless” hablando del “Tiempo”, bueno, realmente me ha pedido que escriba sobre lo que hoy se conoce como “Fast Fashion”, pero como simplificar se me da fatal, he tenido que dividir la tarea en dos partes, esta primera para hacer boca y para entrar en calor por mi parte, puesto que lo mío no es escribir, (soy de ciencias aunque tampoco se me dan muy bien los números. ¡Menudo panorama tenéis conmigo mis estimados lectores!) y la segunda en la que procuraré meterme de lleno en la cuestión de la “Moda Rápida”.

Dado que nos ha tocado vivir en este mundo nuestro tan rápido y que para mi generación, esa que comenzó en los años setenta del pasado siglo, donde la tecnología en muchas de sus variantes, simplemente no existía. Esos tiempos en los que nadie podría llegar a imaginar que estaríamos enganchados a unos aparatos que nos iban a tener totalmente intercomunicados, dispositivos portátiles que nos iban a proporcionar tanto y que al mismo tiempo nos iban a robar mucho, mucho tiempo se sobreentiende, y que a través de esa maraña intangible llamada red o internet como creo que la conocemos mejor, íbamos a poder hacer tanto y tan deprisa. Para una generación como la mía que ha conocido un antes y después de este despliegue de medios, en la que por lo que yo recuerdo, me sentía como si me encontrara situado en una sala de pared circular desde cuyo centro veía acontecer a un ritmo “normal”, el paso del tiempo, el paso de la vida, las estaciones se sucedían y se sentían todas y cada una de ellas, el tiempo llevaba un ritmo más o menos calmo según el momento que te estuviera tocando vivir..., un examen, un día de vacaciones, una fiesta de cumpleaños, las tareas de clase, el juego en la calle con los amigos, etc…

Ya sabemos que aunque un segundo siempre es un segundo, no siempre parece durar lo mismo. Y de repente, en muy pocos años, esa habitación de pared circular pasó a girar a una velocidad tal, que el transcurso “normal” del tiempo perdió ese ritmo calmo según las circunstancias, para sentir una especie de proyección acelerada hacia delante, sin tregua, sin poder parar ni un segundo a observar, los viajes se transformaron en un ansia por captar miles de fotos en una pequeña pastilla de plástico que vuelcas al ordenador y como no tienes tiempo, difícilmente puedes llegar a ordenar y ya no digo disfrutarlas; ahora hasta las estaciones se confunden, el otoño-invierno y la primavera-verano, o todo mezclado, el tiempo con la gente que quieres está acotado por un mañana y un pasado que lo sofoca, sentarte en un banco y disfrutar un rato del calor de la primavera te puede llegar a hacer sentir culpable porque tendrías que estar en otro lugar haciendo algo importantísimo,…

Ya se que muchos diréis que esto es debido al hecho de cumplir años y a algún otro tópico popular y al cambio climático también, en cuanto a las estaciones se refiere; pero soy cabezón, pesado y muy dado a darle vueltas a todo y gracias a ello he llegado a ver un resquicio de luz, pequeño, pero suficiente para poder “ver”. Este ritmo tan exageradamente veloz y que lo envuelve todo, genera en nosotros una inercia que nos arrastra en una especie de vórtice que devora. Este ritmo o velocidad que os digo, siento que es ante todo antinatural y desde luego nada saludable. Esa luz que he entrevisto aunque con mucha frecuencia me desoriento, me veo a oscuras y la pierdo, es la de que hasta cierto punto, me sugiere que este vértigo que sentimos, esta velocidad que aumenta de manera imperceptible aunque real día a día, tiene solución, pero esta no nos la va a proporcionar nadie, sólo cada uno de nosotros, con sus propias herramientas puede ser capaz de decidir, hasta donde el avance global lo permita, el ritmo que resulta idóneo para cada uno.

Como ya os comenté en mi presentación, soy dado a los circunloquios, vamos, un plasta, pero soy como soy y creí que esta extensa introducción era una buena forma de comenzar a tratar el tema de este primer escrito, que como dije al principio era el “Tiempo”, pero el tiempo llevado a mi sección, en esta vamos a hablar mucho del “Tiempo” y en esta ocasión ese “Tiempo” es la “Fast Fashion”.




La primera vez que sentí la presión de la “Fast Fashion” en mis carnes, se remonta quizá a unos doce o trece años. Recuerdo muy bien aquella sensación tan extraña porque el producto o artículo que me hizo tropezar con tamaño despropósito obra aún en mi poder. Se trata de un abrigo de una muy conocida marca de moda, necesitaba comprarme uno y en el mes de diciembre me tropecé con éste, me lo probé, me quedaba de lujo y salía muy bien de precio; aún así a tan sólo tres semanas de las rebajas opté por arriesgarme y confiar que no se agotara. Pasaron las fiestas y el primer día o segundo de rebajas regresé a la tienda, lo primero que noté y que me llamó mucho la atención (no fue esta la primera vez que observé esto y más teniendo en cuenta que en estas tiendas me gasté los sueldos durante muchos años y donde aprendí, mas a asesorar que a vestirme yo mismo), es el caos que montan estas firmas, no sé con qué intenciones, pero lo averiguaré, es poner toda la ropa de cualquier forma, en un caos tal, que francamente, parece que estemos “en el mercadillo de los jueves en la calle de cualquier localidad española”, lo que estaba tan cuidadosamente colocado tan sólo unas horas antes, se transforma en un suerte de caos y mezclas cromáticas imposibles; sientes que hay cosas que no habías visto esta temporada, pero no lo puedes asegurar al cien por cien; incluso tienes la sensación que hasta dejan de usar el ambientador embriagador que de normal, a veces se te impregna en tu propia ropa. Pero lo que me llamó la atención de verdad fue, que si normalmente en rebajas toda la tienda suele parecer una pocilga, en aquella ocasión, un tercio de la tienda se encontraba impoluto, perfecto, como cualquier día fuera del periodo de rebajas…

El cabreo me vino, cuando me acerco a curiosear y veo que encima de los estantes hay unos carteles perfectamente diseñados que rezan “Avance de Temporada” o “Nueva Colección” (no recuerdo ya exactamente el sobretítulo de aquellos estantes, por no llamarlos argucia); entonces empiezas a hacer cuentas…, 21-22 de diciembre, entrada del invierno…, 7-8 de enero comienzo de rebajas…, unos 18 días desde que comienza el invierno más o menos y... ¡No entiendo nada! ¡¿”Avance de Temporada”?! ¡¿Qué temporada?! ¡¿Primavera-Verano?! ¡¿Sólo primavera?! ¡¿Pero nos hemos vuelto locos?! ¡¿Nueva colección?! ¡Pero si esto ya estaba en diciembre…! El caso es que recuerdo que me puse a buscar dónde se encontraban los bañadores, las camisetas veraniegas y prendas similares…, No encontré nada tan veraniego pero sí había prendas de tonalidades que evocaban temperaturas primaverales. Y lo que acabó de rematar la jornada y dejarme estupefacto y hacerme enfadar fue encontrar como “Avance de temporada”, el abrigo que tanto me gustó, claro, sin rebajar. Me puse a pensar si esperarme ya hasta julio a comprarlo, pero como estaba tan bien de precio preferí no arriesgarme.

¡¿Cómo se puede llamar “Avance de Temporada” en plenas rebajas de invierno a una prenda de invierno?! ¿Es que acaso estaban avanzando el invierno próximo? ¿O quizás ya sabían de antemano que el cambio climático iba a hacer desaparecer la primavera este año e iba a hacer un frío de narices? O ¡“Nueva Colección”! ¡Pero si se liquida el stock de invierno! ¿Qué hacen produciendo prendas de invierno? ¿Es que se han quedado cortos con la producción? Pues bien amigos, desde aquel día observo cada vez que llegan las rebajas, que las prendas desafortunadas que dejarán de ocupar un lugar privilegiado y perfectamente dobladas y colocadas recibiendo una cálida iluminación y su correspondiente dosis de ambientador embriagador, son cada vez menos; y cada vez más, hay estantes perfectamente estudiados, colocados, limpios con ropa que entró en tienda en el mes de diciembre a la que se osa poner el sobretítulo de “Avance de Temporada” o “Nueva Colección”.




Queridos lectores, en nuestras manos está que echemos el freno, nos paremos a pensar un poco y “frenemos” el “Tiempo”. ¿De verdad queremos que hoy, día siete de febrero de dos mil diecisiete, nos estén tentando con prendas del buen tiempo que ya llegará? ¿Tenemos tantas ganas de envejecer? No han finalizado las fiestas de Navidad, estas fiestas que a muchos dejaron de gustar y las tienen tachadas en sus calendarios y ya estamos pensando en la Semana Santa y dónde nos vamos a hacer una escapada? Y pasada ésta, empezamos a sentir la necesidad de calorcito y la mente nos salta hasta el verano con sus terrazas, siestas y mar; y cuando estamos en pleno mes de agosto, estamos tan contentos al comprarnos el décimo de Navidad, ¡no sea que toque!, ¡La Navidad en el mes de agosto! ¿De verdad queréis que el “Tiempo” transcurra así? ¿Por qué no nos centramos en nuestro ahora, disfrutamos plenamente del día a día y ya, que parece que todo viaja a una velocidad cada vez mayor, en nuestras manos queda la labor de echar el ancla, pararnos un poco, vivir y no permitir que la sociedad de consumo nos lleve de “oca a oca…”.

    Me temo que de poco servirán estas reflexiones, pero esto que suena tan pueril y que justificaremos que en nuestras manos no está que las cosas cambien. He de deciros que no es cierto. En cuanto que uno se para a reflexionar puede adaptar al menos un poco su entorno, hacer que la vida, nuestra vida, fluya de manera más pausada y racional. Toda esta vorágine de presentaciones que están teniendo lugar en estas semanas de las colecciones de la “Haute Couture” o el “Pret a Porter”, que nos muestran lo que se va a llevar el próximo invierno, incluso adquirirlo ya, tiene muchas más repercusiones de las que nos imaginamos y que me gustaría poder contaros el próximo martes. Está claro que hay que prepararse, tanta gente dedicada al mundo de la moda, desde el creador de la prenda hasta el dependiente que coloca y mima al cliente que finalmente la adquieren en las boutiques o tiendas, han de saber qué se va a llevar el próximo año. Pero, ¿realmente es necesario mostrarlo al público en general con tanta prontitud e incluso vendérselo a un año vista?




Quiero hacer constar, que no estoy atacando a las presentaciones de colecciones. ¿No pensáis que sería más interesante que nos mostraran ahora lo bonito que nos traerá la próxima primavera y alegrarnos un poco el largo invierno con un futuro a corto plazo, aunque internamente el mundo de la moda esté trabajando en las colecciones de primavera o verano del año próximo?

Os dejo estas cuestiones y mis reflexiones para que vayáis sacando vuestras propias conclusiones.

Por ahora me retiro y espero estar con todos vosotros en una semana así podré pensar en cómo veo yo todo esto… ¡En la que me he metido! ;-)





Madrid – (En uno de mis rincones de pensar)


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Editado en Madrid por Timeless.
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